A veces crecer no se siente como un logro, sino como una pérdida.
Queremos avanzar, pero el proceso duele: cambiar de trabajo, poner límites, dejar una relación, soltar una versión antigua de nosotros.
El crecimiento personal no siempre se siente bien al principio, porque implica romper estructuras mentales y emocionales que nos daban seguridad.
Y el cerebro, diseñado para sobrevivir, prefiere lo conocido aunque duela antes que lo nuevo aunque sane.
“Crecer no siempre se siente bien, pero quedarse igual tampoco.”
¿Por qué el cambio incomoda?
Desde la neuropsicología sabemos que el cerebro busca eficiencia y certeza.
El cambio activa la amígdala —el sistema de alerta— y genera resistencia incluso ante cambios positivos.
En lo emocional, esa incomodidad es una señal de expansión, no de error.
Cada vez que creces, muere una parte de ti que ya no encaja, y aparece otra que aún no conoces.
El duelo del “viejo Yo”
Todo proceso de transformación implica una especie de duelo:
- Duelo por las personas que ya no caben en tu nueva versión.
- Duelo por la identidad que sostenías.
- Duelo por lo predecible.
Reconocerlo te permite vivir el cambio con compasión en lugar de culpa.
“Estás dejando de ser quien eras, y eso duele tanto como necesario.”
¿Cómo atravesar la incomodidad del crecimiento?
1️⃣ Acepta la incomodidad como parte del proceso
No luches contra ella. La incomodidad indica que te estás moviendo.
“Si te sientes raro, probablemente estás avanzando.”
2️⃣ Nombra lo que estás soltando
Escribe: ¿qué parte de ti o de tu vida estás dejando atrás?
Nombrar te da control y dirección.
3️⃣ Sostente en el presente
Evita compararte con versiones pasadas o ideales futuros.
El crecimiento ocurre en la práctica, no en la fantasía.
4️⃣ Celebra los pequeños logros
Cada paso cuenta. Reconoce tu esfuerzo emocional.
Desde la psicología cognitivo-conductual, trabajamos con la aceptación y la exposición gradual al cambio.
Desde la mirada sistémica, observamos cómo los movimientos personales afectan los vínculos y viceversa.
La integración de ambos enfoques permite sostener el cambio sin ruptura, pero con evolución.
Crecer no significa volverte alguien nuevo, sino reconectarte con quien siempre fuiste, sin las capas que te hacían sentir seguro.
Permítete la incomodidad. Es la señal más clara de que estás vivo y en proceso.
“Cada cambio que duele, te está enseñando a florecer distinto.”


