A veces creemos que comunicarnos es tan simple como hablar el mismo idioma.
Sin embargo, detrás de cada palabra que decimos y de cada frase que escuchamos, hay una historia personal cargada de emociones, heridas y significados.
El psicoanalista Gabriel Rolón lo expresa con claridad: aunque hablemos el mismo idioma, cada uno entiende lo que puede, lo que necesita o lo que teme.
Ninguna conversación ocurre solo entre dos voces: también participan los recuerdos, las vivencias y los silencios de quienes dialogan.
La palabra no solo transmite ideas; también despierta memorias.
La historia que cada uno trae
Desde la psicología sabemos que toda persona escucha desde su mapa emocional, no desde la realidad literal de las palabras.
Por ejemplo:
- Cuando alguien dice “necesito espacio”, una persona puede oír rechazo, mientras otra entiende respeto.
- Cuando escuchamos “te quiero”, algunos sienten seguridad, otros desconfianza.
Cada interpretación es el eco de la historia afectiva de quien escucha.
Así, lo que realmente escuchamos no son las palabras del otro, sino lo que esas palabras activan dentro de nosotros.
¿Por qué no nos entendemos siempre?
La mayoría de los conflictos en pareja, familia o trabajo no provienen de la falta de amor o intención, sino de distintos significados emocionales.
- Un tono de voz puede recordar a un padre autoritario.
- Una crítica puede reactivar la sensación de fracaso.
- Un silencio puede sentirse como castigo o desinterés.
No hay conversación neutral; toda interacción toca algo interno.
Por eso dos personas pueden oír lo mismo y entender cosas completamente distintas.
¿Cómo mejorar la escucha emocional?
1️⃣ Escucha con curiosidad, no con defensa
Deja de preparar tu respuesta mientras el otro habla.
Escucha para comprender, no para corregir.
2️⃣ Traduce antes de reaccionar
Pregúntate: ¿qué me hizo sentir lo que escuché?, ¿a qué me recuerda?, ¿qué parte de mí se activó?
3️⃣ Aprende a validar
Validar no significa estar de acuerdo, sino reconocer la emoción del otro:
“Entiendo que eso te haya dolido.”
“Puedo ver por qué lo viviste así.”
4️⃣ Habla desde tu experiencia
En lugar de “tú me haces sentir…”, usa “cuando pasa esto, yo siento…”.
El cambio de enfoque abre espacio para el entendimiento en lugar de la culpa.
La mirada terapéutica
Desde la terapia sistémica, cada conversación es un sistema vivo donde ambos influyen y son influidos.
Escuchar al otro implica también escuchar tu propio guion interno: las frases, creencias y emociones heredadas que moldean tu forma de interpretar.
Desde la terapia cognitivo-conductual, se trabaja la reestructuración de pensamientos automáticos.
Cuando identificas el filtro con el que escuchas —por ejemplo, “si me corrigen, me rechazan”— puedes desmontar esa idea y responder desde un lugar más consciente.
La comprensión nace cuando reconoces que tu historia no es la única historia que existe en la conversación.
Cada palabra que escuchas pasa primero por los pasillos de tu pasado.
Y cada reacción que das, habla más de tus heridas que de las palabras del otro.
Comunicarte de forma consciente es un acto de madurez emocional: implica pausar, interpretar y traducir desde la empatía.
Escuchar al otro es, en el fondo, una forma de aprender a escucharte a ti mismo.



